A 43 años de la gesta: ¡Fuera ingleses de Malvinas! ¡Fuera yanquis de América Latina!

El 2 de abril de 1982 el pueblo argentino despertó con una noticia increíble: tropas argentinas desembarcan y ocupan las Islas Malvinas (ocupadas ilegalmente por Inglaterra en 1833). Fue un acontecimiento inesperado: Nadie podía pensar que la dictadura más proimperialista de la historia argentina de repente se encontrara envuelta en un choque armado con el imperialismo británico y en un enfrentamiento político y diplomático con Estados Unidos. Sí, el mismo Estados Unidos que había ejecutado el plan cóndor para imponer dictaduras en todo Sudamérica, entre ellas, la dictadura argentina.
A la Junta Militar le salió el tiro por la culata
La dictadura vivía una profunda crisis. El plan económico de Martínez de Hoz fracasaba, se había iniciado una enorme bicicleta financiera que daba enormes fortunas en pocas semanas a militares y burgueses. El empleo se desplomaba y la inflación en 1982 llegaba al 165%: una de las peores crisis económicas que vivió el país. El régimen estaba perdiendo aceleradamente el apoyo de la clase media y las luchas obreras estaban en ascenso: el 30 de marzo, dos días antes de la ocupación, la CGT convocó a una movilización a la Plaza de Mayo. La burguesía y los milicos temían que un estallido popular barriera con el régimen y los obligara a rendir cuentas por sus crímenes.
Para poder superar este marco desfavorable y patear la crisis para adelante, la Junta Militar (comandada en ese momento por Leopoldo Fortunato Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo) se lanza a una acción desesperada, trasladando el aventurerismo irresponsable en la economía al terreno político, diplomático y militar. Así definía esta situación el "viejo" PST, partido antecesor del nuestro, en ese momento: "la ocupación de las islas es también un claro intento del gobierno militar de reacomodarse ante una gravísima crisis económica y el comienzo de abiertas movilizaciones contra el gobierno en Buenos Aires y otras ciudades. Pero justamente este hecho, que prueba una vez más el incuestionable terror que el gobierno y la burguesía argentina experimenta ante la posibilidad de que surjan nuevos "cordobazos", indica también claramente dónde está la base más importante sobre la que se asienta el carácter progresivo de la medida." (Correo Internacional - Nº5 —abril de 1982—)

La Junta Militar especuló con que Inglaterra no
reaccionaria a la invasión de las islas, porque eran lejanas y porque históricamente
no habían sido de especial interés para los británicos. Además apostaban,
ingenuamente, al apoyo yanqui o, al menos, su neutralidad. Partían de la lógica
de que el gobierno de EE.UU. encabezado por Ronald Reagan, dejaría
actuar a la dictadura en agradecimiento a la colaboración que había prestado en
la represión y la contrarrevolución. Pero EE.UU. no dejó de privilegiar su
alianza histórica con Inglaterra, de hecho, colaboró directamente con ellos
proporcionándoles, entre otras cosas, la información satelital que le permitió
asestar a los británicos duros golpes a las Fuerzas Armadas argentinas: como
por ejemplo el hundimiento del crucero ARA General Belgrano dónde
perdieron la vida 323 tripulantes (prácticamente la mitad de los 649 soldados
argentinos caídos durante la guerra).
En ese momento la primera ministra del Reino Unido, Margaret
Thatcher, junto a Ronald Reagan encabezaban una verdadera "Revolución
Conservadora", promoviendo la misma agenda reaccionaria: ambos llevaron
adelante un plan económico neoliberal, atacando los derechos laborales,
recortando el gasto social, llevando adelante privatizaciones, etc. (misma
receta que aplicó el menemismo en los años '90). La implementación de este plan
por parte de la "Dama de Hierro" generó una gran crisis que debilitó profundamente
a su gobierno. Pero la misma Junta Militar que pensaba que el imperialismo
yanqui les iba a dar apoyo le ofreció "en bandeja" la solución a la crisis: el
gobierno Thatcher aprovechó el hecho para intentar fortalecerse. Su respuesta
fue el envío de la fuerza naval británica más importante desde la Segunda
Guerra Mundial.

Así lo recordaría la exprimera ministra en sus memorias: "No resulta exagerado afirmar que el desenlace de la guerra de las Malvinas transformó el escenario político de Gran Bretaña. (...) Yo sentía los efectos causados por la victoria en todos los lugares a los que iba." Al año siguiente de la guerra sería reelegida por mayoría absoluta y así pudo seguir aplicando su plan de privatizaciones y desregulación financiera.
Galtieri, que era el más proyanqui de los generales, no buscaba, ni mucho menos, hacer una guerra antiimperialista, al contrario, quería convertir a Argentina, incluyendo el Atlántico Sur y Malvinas, en una colonia de EE.UU. Pensaba en una ocupación breve y una negociación posterior, sin disparar un solo tiro. Pero ese tiro finalmente le salió por la culata: "el imperialismo reaccionó violentamente" y "las masas argentinas y, en menor medida, de Latinoamérica, se alinearon en defensa de la recuperación de las Malvinas". Así se explica la paradoja de que el gobierno más proimperialista de nuestra historia se viera envuelto, sin proponérselo, en un choque armado con el imperialismo británico y en un enfrentamiento político y diplomático con Estados Unidos.

El "viejo" PST y su postura frente a la guerra
El PST, a pesar de estar proscrito y ser perseguido por la dictadura, se puso desde un primer momento en defensa de nuestro país contra el imperialismo inglés. El partido que venía combatiendo la dictadura desde su comienzo junto a la LIT(CI) (Corriente Internacional de la cuál formaba parte) plantearon que "la tarea y consigna principal había dejado de ser la denuncia del gobierno y había pasado a ser el apoyo total a la guerra para derrotar al agresor imperialista".
El "viejo" PST llamaba a la movilización antiimperialista, anotaba a sus dirigentes como voluntarios para la guerra al tiempo que seguía denunciando los crímenes de la dictadura. En Palabra Socialista Nº39 decía que "los trabajadores socialistas hemos dicho —y lo ratificamos— que estamos en el mismo campo militar del gobierno argentino, mientras éste continúe la guerra contra el imperialismo. Este no es nuestro gobierno. No tenemos la menor confianza en él, no le damos ningún apoyo político, ni salimos de garantes de él ante las masas obreras. Pero decimos que mientras siga haciendo la guerra a Gran Bretaña, hay que estar militarmente a su lado en forma incondicional."
La posición adoptada por el PST ya había sido desarrollada por quien fue uno de los más grandes revolucionarios marxistas de la historia de la humanidad y uno de nuestros mayores referentes: León Trotsky. En una entrevista que le hizo Mateo Fossa en 1938, ante la posibilidad de una guerra entre un país imperialista y un país atrasado decía: "Tomemos el ejemplo más simple y obvio. En Brasil reina actualmente un régimen semifascista al que cualquier revolucionario sólo puede considerar con odio. Supongamos, empero, que el día de mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en este conflicto? En este caso, yo personalmente estaría junto al Brasil "fascista" contra la "democrática" Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre la democracia y el fascismo. Si Inglaterra ganara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría al Brasil con dobles cadenas. Si por el contrario saliera triunfante Brasil, la conciencia nacional y democrática de este país cobraría un poderoso impulso que llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas."
Mientras el "viejo" PST llevaba hasta las últimas consecuencias la lucha antimperialista había partidos que se decían de la clase obrera, pero que en realidad resultaron ser agentes incondicionales del imperialismo. Tal es el caso del partido socialista francés y la socialdemocracia alemana que bajo la excusa de las atrocidades de la dictadura apoyaron las fortísimas sanciones económicas contra Argentina a través de la Comunidad Económica Europea, y con el laborismo británico. Frente a esto el PST también llamó a enfrentar "a todas las posiciones que con el argumento supuestamente izquierdista de denuncia a la dictadura sirven solapadamente al baluarte de la contrarrevolución sangrienta en el mundo, el imperialismo mundial, en este caso en primer lugar el inglés."

Argentina podía ganar la guerra pero los milicos eligieron la derrota
Al principio la Junta Militar actuó como si todo fuera un teatro y la guerra no fuera a producirse. Cuando los ingleses decidieron atacar, los militares ya estaban "subidos al barco" de esta acción irresponsable y aventurera. Finalmente eligieron la derrota y rendirse cobardemente.
Para ganarle la guerra a los ingleses, Argentina debía romper de manera rotunda con el imperialismo, "Pero los lazos que la burguesía argentina en general y el régimen militar en especial tienen con el imperialismo fueron más fuertes que las necesidades que implacablemente imponía el conflicto. Es que tanto la burguesía como su dictadura saben que una ruptura, una lucha a fondo contra el imperialismo mundial, exige en última instancia la movilización revolucionaria de las masas para enfrentarlo. Y a eso le tienen terror pánico." (Palabra Socialista Nº 40, 20 de junio de 1982)

Los propios analistas ingleses admitieron con argumentos puramente militares que Argentina podía ganar la guerra. Entre ellos, nada menos que el general Julian Thompson, el segundo jefe de las fuerzas de tierra desembarcadas en las islas. Thompson dijo: "Cada fuerza argentina libraba su propia guerra. Si las tres fuerzas hubieran actuado coordinadamente Gran Bretaña podría haber perdido la guerra". Señaló también que "Argentina no creyó que Gran Bretaña iba a atacar. Las seis semanas que transcurrieron entre el 2 de abril y el 21 de mayo, cuando desembarcamos en San Carlos, no fueron aprovechadas como correspondía para fortificar las propias posiciones" (Página 12, 6 noviembre 1996).
La dictadura no hizo algo tan elemental en una guerra como fortificar sus posiciones para defenderse del ataque inglés. ¡Ni siquiera se pusieron de acuerdo en la Junta para unificar el mando!
Algo similar dijo Rupert William Simon Allason, quien fuera parlamentario conservador (el partido de Thatcher), escritor y experto militar. "Incluso los analistas en Londres llegaron a una conclusión: de haber esperado hasta octubre o noviembre, Gran Bretaña no habría tenido oportunidad alguna... para entonces... los misiles Exocet franceses ya habrían sido entregados a Buenos Aires". Explica además que Argentina hubiera podido ganar, incluso sin contar con la totalidad de los misiles Exocet. Y señala que las acciones contra los barcos ingleses no tuvieron ninguna lógica militar, porque no atacaron los barcos de suministro, salvo el Atlantic Conveyor. "Cuando hundieron al Atlantic Conveyor –dice Allason– estuvieron a punto de ganar la guerra. Hubieran atacado uno o dos buques más de la marina mercante y estábamos terminados. Por eso a mí se me ocurren dos explicaciones: uno es que las fuerzas argentinas estuvieran dirigidas por analfabetos en términos estratégicos. La segunda es que solo buscaban algo con valor de propaganda" (La Nación, 19 octubre 1997)

La dictadura hizo todo lo posible para garantizar la derrota, como rechazar la ayuda que ofrecían otros países, como Perú, Venezuela, Cuba y Libia. Desde Perú, por ejemplo, se entregaron una docena de aviones Mirage M5-P y varios pilotos peruanos se ofrecieron para combatir pero el comandante de la Fuerza Aérea argentina les negó el permiso y solo se les permitió capacitar a los pilotos argentinos. Esta ayuda en armamentos y soldados hubiera pesado en la guerra.
A pesar del rechazo a la ayuda externa millones de Latinoamericanos apoyaron la causa argentina porque veían que la lucha era contra el mismo imperialismo que somete a toda Sudamérica. Hasta las calles de argentina se vieron desbordadas por un movimiento de masas que levantaba las banderas del antiimperialismo. El mismo Galtieri fue abucheado por miles de manifestantes cuando intentó reivindicar a su propio gobierno. Así lo explicaba nuestra corriente: "En cuanto a la situación en Argentina, un importante sector de la vanguardia demostró con su actuación en Plaza de Mayo que sigue impugnando a la dictadura pero sin perder de vista la necesidad de responder en primer lugar a la amenaza del imperialismo británico. Es esta actitud la que explica por un lado la imponente manifestación de cerca de cien mil personas, los vítores y aplausos a toda consigna antibritánica y, al mismo tiempo, la tremenda chiflatina que interrumpió el discurso de Galtieri cuando éste intentó, al pasar, legitimizar su representatividad como gobernante." (Correo Internacional Nº5 —abril de 1982—)
A esto se suma el hecho de que la junta mandó a las islas tropas formadas fundamentalmente por reclutas, pibes de 18 años con escaso entrenamiento y pobre equipamiento, en lugar de enviar a cuadros con formación profesional militar.

También hay que agregar el agravo ocasionado por la corrupción de las Fuerzas Armadas: mientras muchos soldados, suboficiales, oficiales y los célebres pilotos combatieron con heroísmo, muchos de sus jefes solo se preocupaban por llevar bebidas alcohólicas y televisores a las islas y fueron los primeros en rendirse. Un ejemplo de esto fue el desembarco del teniente Alfredo Astiz (famoso por secuestrar, torturar y desaparecer a dos monjas francesas) y su grupo de comandos "lagartos" en las islas Georgias del Sur, que en apenas un mes se rindieron a los ingleses sin disparar un solo tiro.
Pero las medidas militares no eran las únicas que se debían tomar para ganar la guerra. También era necesario tomar medidas de represalia económicas como dejar de pagar la deuda externa, expropiar el Banco de Londres, la Shell, empresas y estancias británicas y llamar a todos los países latinoamericanos a hacer lo mismo. La dictadura no solo que no ejecutó ninguna de estas medidas sino que favoreció económicamente a Inglaterra en plena guerra: en plena guerra Argentina siguió pagando la deuda incluso a Gran Bretaña, a los bancos ingleses, ayudó al Banco de Londres en Buenos Aires con 50 millones de dólares para compensarlos por el retiro de fondos de argentinos.

La derrota en Malvinas aceleró la caída de la dictadura
La derrota de Malvinas profundizó el odio y la movilización. El día posterior a la derrota (15 de junio) una enorme concentración popular en la Plaza de Mayo terminó enfrentando al propio Galtieri y la dictadura en general, por ineptos y traidores en la conducción de la guerra. Las masas silbaron e insultaron a Galtieri y lanzaron al unísono el grito de "los pibes murieron, los jefes los vendieron". Galtieri cayó y se disolvió la Junta Militar. En junio asumió el general Reynaldo Bignone —con el respaldo de los partidos burgueses agrupados en la Multipartidaria, principalmente la UCR y el PJ— y convocó a elecciones. Es así que como se abrió un "período o régimen de libertades democráticas como jamás habíamos visto en la Argentina".
A pesar de la derrota argentina en Malvinas el pronóstico de Trotsky se cumplió. La desastrosa política de la dictadura frente a la guerra fue lo que desencadenó el "poderoso impulso" de "la conciencia nacional y democrática" que derrotó a la dictadura. La realidad siempre nos demuestra que es más rica que cualquier pronóstico. La caída de la dictadura más sangrienta de la historia argentina y la vuelta a la democracia constituyó uno de los más grandes triunfos para los trabajadores y el pueblo argentino. Una verdadera revolución.

El gobierno de Milei está del lado de los piratas
El año pasado en una entrevista con Alejandro Fantino, Javier Milei dijo que estaba "pensando en recuperar Malvinas, pero" que "es un proceso largo". Cuatro días antes, el 4 de abril del 2024, se reunió con la comandante del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson, en Ushuaia. En el encuentro, anunció la construcción de una base naval integrada (no se atrevió a usar el adjetivo "militar") bajo la excusa de que se utilizará para conectar con la Antártida. Que "extraña" forma de recuperar las Malvinas permitiendo la construcción de una base militar al mismo imperialismo que apoyó a los piratas ingleses.

Frente a tan descarada propuesta el presidente dijo en esa misma entrevista que su "aliado es Estados Unidos, sean demócratas o republicanos. Y vaya que nos están apoyando. Nos regalaron un Hércules." ¡Gran negocio! ¡La soberanía de nuestro país país a cambio de un avión usado! Y como si esto no fuera poco agregó que el encuentro con Richardson "fue el acto de soberanía más grande de los últimos 40 años". Parece que no tuvo en cuenta a los 323 tripulantes del ARA General Belgrano que perdieron la vida gracias a la colaboración directa de EE.UU. con Inglaterra.
Todos los gobiernos burgueses que le siguieron a la dictadura fomentaron la "desmalvinización" y colaboraron con los ingleses, Milei es continuador de esta política reaccionaria pero con la promoción de una base militar yanqui quiere ir más allá. Ya no se trata solamente de la soberanía de las islas y la plataforma submarina, estamos hablando de la soberanía de la Argentina continental (Patagonia), y por extensión de la Antártida Argentina. Pero además tenemos que agregar que, al igual que la dictadura, ninguno de estos gobiernos tomó medidas económicas que realmente golpearan al imperialismo inglés, solo basta con decir que en la actualidad operan más de 100 empresas británicas en Argentina.

En el discurso que dio hoy en Retiro, Javier Milei insistió con una política que ya fracasó durante el menemismo: la de la "seducción". Planteó que cuando la Argentina sea una gran potencia, los isleños de propia voluntad, pedirían ser argentinos. Acá hay dos grandes problemas: una es que nuestro país —lejos de convertirse en una potencia— está cada vez más entregado a las decisiones imperialistas, al punto tal que su propio gobierno se encuentra, hoy día, a merced de un salvataje del FMI para no colapsar. Pero lo más grave es que ignora que Malvinas no es Ucrania, ni Palestina, luchando por su legítimo derecho a la autodeterminación nacional. Malvinas en un enclave, es decir, el producto de una ocupación de un país opresor, que expulsa a la población nativa o que viene ocupando ese territorio, e implanta artificialmente a una población propia. Hasta el derecho internacional burgués rechaza que en estos casos pueda hablarse de "autodeterminación". Es como si alguien ocupa una vivienda a punta de pistola, expulsa a los dueños legítimos y luego "decide" que esa vivienda es suya.
Todos los gobiernos burgueses que lesiguieron a la dictadura fomentaron la "desmalvinización" y colaboraron con los ingleses, Milei es continuador de esta política reaccionaria pero con la promoción de una base militar yanqui quiere ir más allá. Ya no se trata solamente de la soberanía de las islas y la plataforma submarina, estamos hablando de la soberanía de la Argentina continental (Patagonia), y por extensión de la Antártida Argentina. Pero además tenemos que agregar que, al igual que la dictadura, ninguno de estos gobiernos tomó medidas económicas que realmente golpearan al imperialismo inglés, solo basta con decir que en la actualidad operan más de 100 empresas británicas en Argentina.
Es por esto que no podemos esperar nada de este ni de ningún gobierno capitalista, todos ellos siguen y seguirán aplicando políticas que van en la senda de la destrucción de nuestra soberanía. Y, ya a modo de cierre, queremos dejar en claro que la única salida posible es la misma que planteaba el viejo PST en pleno conflicto y que aquí reproducimos: "la mejor forma de luchar contra el imperialismo —¡para expulsarlo no sólo de Malvinas sino de toda la Argentina! — es luchar por la instauración de un gobierno obrero y popular, un gobierno de los trabajadores apoyados por sectores de la clase media, sin generales ni políticos patronales. Sólo ese gobierno combatiría consecuentemente al imperialismo, porque los trabajadores no tenemos con él lazo alguno; no es nuestro "socio mayor", sino nuestro enemigo mortal.
Esta es una de las principales conclusiones políticas que deben sacar de esta guerra todos los argentinos que se movilizaron en ella: desde el soldado que luchó heroicamente hasta el trabajador que, sobre el hambre de su familia, contribuyó al Fondo Patriótico." (Palabra Socialista Nº 40, 20 de junio de 1982)
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