Sobre Malvinas

01.04.2022

Por Alberto Espíndola de Córdoba- Abril 2022

La guerra de Malvinas fue un acontecimiento histórico inesperado para el mundo, para EEUU, para Inglaterra, para la clase dominante argentina e incluso para el mismísimo gobierno militar que -al recuperar por la vía de los hechos la soberanía sobre las islas- desencadenó un conflicto que no estaba en sus planes.


Gobierno de Facto, Galtieri anuncia la guerra -cobertura de los medios graficos-


Nadie hubiera pensado que quienes dieron el golpe de estado en 1976 -cuyo fin fue implementar un plan al servicio del imperialismo yanqui, europeo y de los grandes capitalistas del país-, terminarían enfrentados militarmente con las principales potencias mundiales.

El contexto de la guerra

Ronald Reagan en EEUU y Margaret Thatcher en Inglaterra encabezaban una verdadera "Revolución Conservadora", un ataque en toda la línea al nivel de vida de sus propios trabajadores, para dinamizar la economía en provecho de los capitalistas. En vísperas de la guerra de Malvinas, la Thatcher enfrentaba una dura oposición a sus planes, en especial de los trabajadores mineros amenazados por su política de ajustes y privatizaciones.


Margaret Thatcher Gobierno británico del siglo XX y Ronald Reagan presidente de los Estados Unidos de América (1981-1989).


En Latinoamérica, y sobre todo en el Cono Sur, feroces dictaduras habían aplastado la lucha popular en Uruguay, Chile, Bolivia, Argentina, Brasil (cuya dictadura se remontaba a 1964). Incluso habían coordinado sus acciones represivas a través del Plan Cóndor, impulsado por el gobierno norteamericano para la persecución y el asesinato de opositores. En Perú gobernaba Fernando Belaúnde Terry, elegido por el voto popular en 1980, tras un largo periodo de gobiernos militares. Luis Herrera Campins presidía Venezuela, llegado al poder también por elecciones.

Ambos países -Venezuela y Perú- se volcarían claramente a favor de Argentina durante la guerra, al igual que Cuba y Nicaragua. Chile y Colombia, en cambio, prestarían un firme apoyo a Inglaterra, en el caso de Chile con acciones concretas de espionaje y apoyo logístico. Brasil y Uruguay adoptarían posiciones más neutrales, aunque formalmente apoyaban a Argentina.


Nefastos gobiernos de factos cabezas del plan Cóndor


A nivel mundial, el imperialismo venía de dos importantes derrotas: la revolución iraní que derrocó al Sha Pavlevi, un verdadero virrey de los yanquis, y la revolución sandinista que sacó del poder al dictador Somoza, otro incondicional aliado de EEUU.

A esto hay que sumarle que EEUU no se había recuperado aún del llamado "síndrome de Vietnam", es decir del temor y la inseguridad heredados del fracaso de su larga y criminal intervención en el país asiático.

Las razones de la dictadura

Desde 1980, el plan económico de la dictadura ya evidenciaba su crisis: cierres de empresas, quiebras de bancos, inflación, desocupación, miseria creciente...y un pueblo que empezaba a movilizarse cada vez más, no sólo por sus penurias económicas, sino también por las libertades democráticas y el repudio a los crímenes cometidos. Numerosas movilizaciones y huelgas se venían dando en forma creciente, las cuales culminan en la gran marcha del 30 de marzo de 1982 donde decenas de sindicalistas son detenidos.

En esta situación, la Junta Militar de Galtieri, Anaya y Lami Dozo se lanzaron a este desesperado intento de ganar tiempo y recuperar prestigio. Creyeron que reconquistarían las islas, que EEUU los apoyaría o adoptaría una posición neutral, que Inglaterra aceptaría el hecho consumado, que hasta podrían luego ocupar las islas en litigio con Chile.

Ninguno de esos cálculos fue acertado. EEUU privilegió la estabilidad del orden imperialista mundial, antes que el eventual apoyo de Argentina en su guerra sucia contra un pequeño país como Nicaragua. Pero no sólo ellos: Francia, gobernada por el falso socialista Mitterrand, también brindó un apoyo decisivo a Inglaterra; Gran Bretaña, por su parte, reaccionó con total premura y decisión, lógicamente alentada por el apoyo de sus socios.

Y si bien la Junta Militar logró el entusiasta apoyo inicial del pueblo argentino, ese apoyo se trocaría en repudio absoluto luego de la derrota, una vez que se conocieron los desaciertos, las inconsecuencias, la falta de decisión para enfrentar al enemigo y hasta la corrupción con que se habían burlado del esfuerzo de todo un pueblo por apoyar el esfuerzo de guerra, apurando de ese modo la retirada de los militares del poder.

Sólo la complicidad de los grandes partidos patronales argentinos -el peronismo y el radicalismo- posibilitó que esa retirada fuera ordenada. A través de una coalición de partidos patronales llamada la Multipartidaria, sostuvieron un año y medio a la dictadura militar. Sin en ese apoyo político, los milicos no se podrían haber sostenido ni una semana más después de la rendición del 14 de junio.

La desmalvinización

Asumido el poder Raúl Alfonsín, comenzaría una sistemática política de ocultar la lucha que había revelado las potencialidades antiimperialistas, no solo de nuestro pueblo, sino el de América Latina en su conjunto. Es que los Alfonsín, los Menem y todos los políticos patronales son los representantes de nuestros propios explotadores capitalistas, socios y cómplices de los monopolios extranjeros.

Como parte de esa política hubo un vergonzoso abandono del Estado hacia los veteranos de Malvinas, que solo después de muchos años empezaría a revertirse parcialmente, merced al incaudicable esfuerzo de los veteranos y sus asociaciones.

Actualmente, pese a que existe una enorme cantidad de libros, películas y estudios sobre el tema y de que existen políticas (parciales e insuficientes) para los veteranos, el significado profundo de Malvinas ha sido distorsionado por todos los gobiernos. Sin grietas, todos resaltan los horrores de la guerra y la desproporción de fuerzas, para borrar de la memoria histórica la posibilidad de derrotar a un enemigo más poderoso.

¿Se podía ganar la guerra? La política del Partido Socialista de los Trabajadores

La guerra se podía ganar, a condición de aplicar una política consecuente para derrotar a Gran Bretaña.

Nuestro pequeño partido, golpeado por más de 100 compañeros asesinados por las bandas fascistas y la dictadura militar, perseguido y en la clandestinidad, con muchos compañeros en exilio forzado, supo sin embargo elaborar una política principista ante este desafío.

Fieles a las enseñanzas del marxismo revolucionario, nos ubicamos en el bando militar de la nación oprimida, pese a su nefasto gobierno, contra el bando militar de la nación opresora, pese a su "democrático" gobierno. E hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para colaborar con el esfuerzo del resto del pueblo argentino para triunfar: desde ofrecernos como soldados voluntarios hasta difundir en la medida de nuestras fuerzas, la política que creíamos y creemos era la que había que aplicar para ganar la guerra, por ejemplo:

  • Incautación sin indemnización y bajo control de sus trabajadores, del Banco de Londres y de todas las empresas imperialistas inglesas existentes en nuestro país
  • Desconocimiento inmediato de la deuda externa con Inglaterra
  • Ninguna negociación con el enviado yanqui, porque serviría a Inglaterra
  • Que las centrales sindicales abrieran sus oficinas para reclutar voluntarios para luchar
  • Plena libertad de acción a todas las organizaciones sindicales, políticas y estudiantiles populares
  • Asambleas permanentes en fábricas, universidades y colegios

Es decir, eran medidas básicas para pegar al enemigo no solo en el plano militar, sino también en el económico y a su vez, que el pueblo y la clase trabajadora tuviera las manos libres para organizarse y luchar, sabiendo que el triunfo final no podía depender sólo de la fuerza militar acantonada en las islas.